La fachada era pintoresca, bastante agradable a la vista a decir verdad, rodeada por una verja de Hierro Forjado tupida de rosas, con farolas que le daban un toque cálido al lugar. “Il Notte” se podía leer, con una letra fina y elegante, en el letrero de Hierro de apariencia cobriza que colgaba sobre el imponente arco que daba entrada al lugar. Enredaderas se acurrucaban sobre cada curva del arco, brindándole una apariencia encantadora, como la imagen de un restaurante Italiano.
Al entrar, un hombre mayor nos recibió con un cálido abrazo a cada una, diciendo unas palabras en Italiano que interpreté como “Buenas noches” Aunque, claro, aún no sé Italiano, sabrá Dios qué habrá dicho.
Deambulamos un rato por el lugar; Gwen, enseñándome todas y cada una de las decoraciones, relatando su historia y lo acontecido ante ella, jactándose a cada segundo de que ese era su lugar favorito y que pronto sería ella quien manejara ese idílico lugar, su pequeño paraíso perdido. En cuanto a mí, estaba perdidamente enamorada de todas y cada una de las diminutas hojas de romero y del olor de los condimentos. Me fascinaban los troncos de madera que conformaban la estructura, con su calidez y su tono terroso; El olor a leña, el fuego que ardía incesante en la chimenea, el rocío que reposaba delicadamente sobre cada una de las hojas, brillando con el fulgor áureo de las llamas, las lámparas de gas, y los faroles de hierro que se encontraban afuera del lugar, en las mesas del exterior.
Después de un rato nos sentamos en una pequeña mesa en un rincón alejado, en el que podríamos hablar. Gwen pidió un pan genovés con aceitunas y una Coca cola dietética (Lo que a mí, personalmente, no me sonó nada agradable) mientras yo me limité a una simple taza de café con leche y azúcar. Mantuvimos el silencio hasta que llegó una anciana de rostro amable con el pan y las bebidas. Luego de haberse embutido, literalmente, con pan de aceitunas –Puaj- Gwen se dignó a hablar.
-Ahora, dime, cuál era el problema con esa vieja que yo no sé qué, blah blah, blah y tu estrés incluido? ¿Y cuándo me responderás por qué te desapareciste de la faz de la tierra sin previo aviso, ah?
Entorné los ojos y di un pequeño sorbo al café mientras sopesaba qué parte podía contarle, cuál no, y tal vez cuánta parte de la realidad debía tergiversar. Suspiré. Vaya que se me daban mal éstas cosas.
-Gwen, es que… Verás, no sé si…-Vacilé.
-¿No sé si qué? Al punto. Sin rodeos.-Sentenció.
Respiré hondo, lista para comenzar a contar una larga y agotadora historia que en realidad no sabía si debía relatar. Pero al momento de soltar la primera sílaba sonó un fuerte sonido proveniente de la puerta principal. Gwen y yo asomamos nuestras cabezas, intentando descifrar qué sucedía en ese lugar a través de aquella precaria luz de vela. Luego de un instante, cuando al parecer el ambiente se había calmado, Gwen me miró de nuevo.
-¿Entonc…-
Ni siquiera pudo terminar de hablar cuando un estruendo y varias voces se alzaron sobre las conversaciones de las personas allí presentes. Ambas saltamos en nuestros asientos. Gwen me miró aterrada, giró su rostro y se levantó de golpe, gritando el nombre de su abuelo, aquel hombre que nos había recibido tan amablemente, y comenzó a correr en su dirección con una expresión en su rostro de preocupación, completamente trastornada por algo que yo no había logrado ver.
-¡Gwen!-Grité e intenté agarrar su brazo mientras me levantaba, pero tan sólo logré atrapar con la punta de mis dedos un poco de su camisa, que rápidamente resbaló de éstos.
Y justo cuando me levantaba de la silla las luces se apagaron y una corriente helada fluyó a través del local, provocando que la delicada llama de cada una de las velas se ahogara. El lugar quedó en penumbras y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Algo dentro de mí me decía que algo realmente malo iba a suceder.
-GWEN!- Grité histérica, tirando la silla tras de mí. No lograba distinguir la voz de Gwen del bullicio que se había alzado entre aquellas personas alteradas y asustadas. La brisa helada se colaba a través de la fina tela de mi abrigo y se calaba hasta mis huesos. Comencé a caminar en la que creía era la dirección de la salida. “Sal de aquí” Me gritaba a mí misma mientras, con lo que más podía, gritaba el nombre de Gwen.
No sabía si era claustrofobia o angustia, pero el terror que me provocaba estar en la oscuridad era inexplicable. Intentaba palpar lo que fuera que estuviera a mis lados, algo de lo que pudiera aferrarme, mientras intentaba descifrar qué pasaba. De repente aquellos susurros angustiados y voces desconcertadas pasaron a ser gritos guturales y desgarradores. Me lancé al piso sin pensarlo dos veces y comencé a gatear hacia la derecha. Sentí el roce de un mantel sobre mi cabeza hasta que finalmente llegué a algo sólido. Me acurruqué contra la pared y respiré hondo mientras tapaba mis oídos. No soportaba esos gritos desesperados implorando auxilio y yo sin saber qué hacer, aterrada, acurrucada en una mesa, sin la menor idea de quién o qué estaría allí afuera. Sentí la vibración de las pisadas de personas escapando, vidrios desgarrados al golpear el piso, el griterío que poco a poco se acercaba más a mí. Venían hacia mí.
Salí lo más rápido que pude y alcancé a correr unos cuantos pasos antes de sentir el golpe que me lanzó al suelo. Extendí mis brazos en la oscuridad, esperando sentir el impacto de mi cuerpo contra la madera. Mientras caía sentí como si fuera en cámara lenta: Mis rodillas impactando contra la madera con un sonido sordo, luego mi torso estrellándose, mis manos raspándose cayendo vertiginosamente contra el suelo, raspando mis palmas, arañando el suelo con mis uñas y mi cuerpo ligeramente inclinado, causando que mi aterrizaje finalizara en mi codo derecho. Sintiendo el peso de aquella persona aún sobre mí, una corriente de dolor albergó mi brazo y sentí como si se deslizara por todas y cada una de mis terminaciones nerviosas, provocando que soltara un grito de dolor. Seguramente me había quebrado algo. La persona que estaba sobre mí se levantó inmediatamente sin echarme un vistazo y salió corriendo, así como los demás. Levanté la vista y a lo lejos vislumbre lo que parecía ser la luz de la luna que se filtraba a través de la ventana de la puerta trasera.
Tan cerca pero tan lejos a la misma vez…
Desde mi posición lograba ver a las personas mientras, desesperadas, salían por aquella pequeña puerta, agolpándose todas en el mismo lugar. Las lágrimas comenzaron a nublar mi visión. No lloraré, me dije a mi misma, intentando recordarle a mi cuerpo que debía huir sin importar qué… y en ese instante me di cuenta que en realidad no sabía de qué huía y lo que más me aterraba era estar estancada en este lugar sin saber qué podía estar tras de mí…
“Tras de mi”
Mientras susurraba esas palabras en mi mente sentí algo húmedo deslizándose por mi tobillo. Me volteé de inmediato y tiré de mi pierna con fuerza mientras me arrastraba hacia atrás completamente perturbada. Pero de nada sirvió. Una punzada de dolor en mi codo impidió que me moviera un centímetro más y en ese instante alcancé a vislumbrar un destello rojizo de algo que se movía a mis pies. Empujando mi cuerpo con mis piernas y la ayuda de la otra mano, que no paraba de temblar, me levanté lo más rápido que pude en un desesperado intento de huir de ese lugar. Pero al levantarme me choqué contra algo… contra alguien.
-Por fin te encontré. - Susurró.











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